Proverbio: "En casa que no entra el Sol..., pronto entrará el doctor...".
El
primero de estos micronutrientes se descubrió hace algo más de un
siglo, a raíz de investigaciones sobre la causa de enfermedades como el
escorbuto, beriberi y raquitismo. El artículo a continuación trata sobre las
idas y venidas que finalizaron en el descubrimiento y conocimiento de uno de
estos nutrientes: la vitamina D, una sustancia que se encuentra espontáneamente en sólo
unos pocos alimentos, y que también se produce en la piel cuando un material
precursor interactúa con los rayos ultravioleta cortos del sol (UVB). Sin los niveles
apropiados en la sangre de 1,25-dihidroxivitamina D3, el metabolito
activo de la vitamina D, el organismo no puede absorber ni utilizar el calcio esencial
para funciones vitales tales como la señalización electroquímica entre las
células cerebrales y tantas otras funciones.
En
los niños, la deficiencia de vitamina D produce la anteriormente común
enfermedad de raquitismo, que deja sus marcas en forma de piernas arqueadas y
costillas deformadas para toda la vida. En los adultos, el resultado es la
enfermedad de los huesos llamada osteoporosis.







